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Fauna del gimnasio

La vida de uno va discurriendo por senderos que en numerosas ocasiones no te esperas ni por asomo. Al igual que nunca pensé que vería Eurovisión, y con la de mañana ya van a ser dos las galas las que me trago, he terminado hace poco más de un mes apuntándome al gimnasio.

No voy a negar que ciertamente me venía haciendo falta ponerme en forma; mi antaño estilosa figura ha decaído un pelín de unos meses para acá, y además de cultivar la parte más frívola de mi personalidad siempre está aquello de la salud. Tan particular antro supone para la maruja que llevo dentro la alegría de poder observar el tipo de peña que va a estos sitios, básicamente:

- El grupito de cansinos del ejercicio: 4 o 5 colegas que hacen las máquinas juntos, no paran de enseñarse los músculos y se pican para ver quién es capaz de hacer más abdominales o levantar más kilos. Viendo el comportamiento de estos señores entiendes el tópico del gimnasio en el porno gay.

Curiosamente, al menos los cansinos que yo he visto, a pesar de estar bastante fuertes y atléticos su engreimiento es mayor que su masa muscular. De todas formas, a los mantas como yo no les prestan mucha atención, del mismo modo que tampoco le echan cuenta a los que están más en forma que ellos; supongo que a los primeros porque no suponemos una amenaza para su status y a los segundos por no estar cerca de alguien que les ha superado. O a lo mejor es que en el fondo son un poco gilipollas.

- La procesión va por dentro: estas personas son seres humanos normales y corrientes, incluso alguna vez tirando a feos, que cuando levantan una pesa o realizan una serie de repeticiones se convierten en bestias, desarrollando auténticas bolas de músculos por todo su cuerpo en milésimas de segundo. Son por norma general retraídos, y suelen ir solos o como mucho en pareja. En la ducha todavía no le he visto a nadie los pendientes reales, pero no me extrañaría que esta gente sintiera el frío del suelo.

- El abnegado atleta: me provocan una mezcla de choteo y compasión. Personas que a pesar de estar bastante apañadas físicamente hablando encuentran cualquier cosa que no le gusta en su cuerpo (no sé por qué suele tener que ver siempre con la musculatura de las extremidades inferiores o el culo) y dedican el 90% de su tiempo en intentar pulir el defecto. Por desgracia la suerte no suele estar de su lado y terminan sus días de ejercicio con el síndrome Super Ratón: pecho palomo y piernas de bailarina.

- Novato: aquí estoy yo. Se nos nota que acabamos de empezar porque miramos a todos lados con timidez, incluso los que somos extrovertidos, estamos constantemente preguntándole al dueño del gimnasio qué coño hacemos, no manejamos bien las máquinas y aún nos miramos con recelo en el espejo. Desconozco el factor que hace que algunos nos quedemos y otros huyan despavoridos.

- Narciso: caballero o señorita que realiza todos sus ejercicios delante de un espejo, mirando atentamente cómo suben y bajan sus músculos con el esfuerzo y procurando sudar lo suficiente para demostrar que han estado moldeando su cuerpo pero no lo bastante como para estropear su ropa de deporte nueva. Algunos cansinos son claramente narcisos cuando se quedan solos.

- Conan jubilado: ancianos que a pesar de salir del recinto con bastón tienen la pierna del grosor de mi pecho. Su máquina predilecta es la bici, en la que se pueden pasar horas sin apenas acelerársele el pulso. Una vez vi a un viejales pedaleando como un descosido con un cigarrillo de plástico para dejar de fumar en la boca. Eso, encima recochineo.

Al final, me he dado cuenta de que el ser humano tiene las mismas tonterías en todos los sitios. Pero oye, me estoy poniendo fuertecito. Y además me echo unas risas.

 

Da igual cómo sea, siempre huele a plástico mezclado con sudor y lejía o algo así

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4 comentarios

NtmeC -

Milgrom: coincido contigo totalmente; después de un mes apuntado, esta semana pasada solo pude ir un día y créeme que lo noto. Si es que todo se puede volver vicio, cojones.

Milgrom -

La verdad es que cuando superas las dos primeras semanas en las que andas más perdido que Conan en una facultad de filosofía, luego le acabas cogiendo el gustillo. Yo al principio flipaba con la peña y los tipos que describes, pero ahora me pego mi bicicleta, mis 20 minutos de carrera, algo de pesas, mi piscinita y mi sauna y me quedo como Dios.

NtmeC -

Vengador: la verdad es que comprendo perfectamente tu posición, y apoyo que en algunos momentos yo también mando al gimnasio a tomar por el mismo culo, pero la verdad es que al final me sacrifico un poco por aquello de que en cuanto me descuido, pongo los kilos que da gusto y no me gusta nada. Ahora, mi objetivo no es el cuerpo atlético, ni la competición ni nada de eso; lo que quiero es mantener la línea suficiente para no asfixiarme en el curro y para poder ponerme la ropa que me salga de los mismos.

Para paliar el chunda chunda me llevo mi mp4 cargado de metal extremo y tiro millas. El olor, por contra, es inevitable. La virgen que pestazo.

El Vengador Blandito -

Uff, yo esto si que no, tio. Es lo que siempre digo: el placer de verme atlético se ve superado (muy superado) por el sufrimiento y la angustia que me provoca el esfuerzo físico. Y la fauna gimnasta es algo que me supera. En algún gimnasio he asomado la nariz (joer, es verdad, qué mal huelen) para trabajar (¿ordenadores en un gimnasio? nunca llego a entenderlo), y sencillamente no comprendo lo de esa genta matándose a ritmo de chunda chunda. Así que aquí me tienen ustedes, flaco, blandito, feliz y, ahora mismo, con un colacao (con leche desnatada) y una magdalena, mojando y sorbiendo.

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