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Mens sana in corpore sano

 

La juventud. Tras este hermoso sustantivo se esconde, como casi todo en la vida, algo más. El singular palabro hace alusión a todo un conjunto de afirmaciones arraigadas en la cultura popular de Occidente. Sobre todo, en la cultura popular de Occidente española. Ole nuestros cojones.

Los jóvenes son unos perros. Los jóvenes son los que más pajas se hacen (aquí no sé si quitarles la razón o no). Los jóvenes son unos incultos. Los jóvenes sólo saben beber, fumar y meterse mierdas. Los jóvenes apestan. A esto me refería. Las generalizaciones, por un lado tan útiles para nuestro vago cerebro, me inflan los cojones increiblemente. No puedo negar que haya hecho alguna vez uso de ellas, pero procuro circunscribir su dominio al usufructo de los imbéciles. Sería también absurdo decir que todos los jóvenes están sanos como una pera y que todos tienen una habitación en su casa dedicada exclusivamente a albergar los pedidos de Circulo de Lectores. Lo que tampoco es de recibo es decir que toda persona perteneciente al grupo social llamado juventud es poco más que un simio que habla (y esto es dudable en algunos casos).

Ayer, Cristina y yo fuimos más allá de las palabras. Le demostramos al mundo, aunque con su desidia habitual el mundo no nos mirase, que no tenemos nada que ver con todos esos mánidos adjetivos con los que se relaciona a mi generación. Nuestra pequeña aventura comenzó en el Mercadona, que más allá de las ansias de dominación global que se le atribuyen desde la Inciclopedia permite a los ciudadanos del mundo cubrir sus necesidades básicas y superfluas con precios asequibles. Dando una vuelta por el susodicho supermercado encontramos una bebida (ni que decir tiene marca Hacendado) que, en palabras textuales del envase, era fresa con gas. Fanta de fresa, poco más o menos. Cristina, tan genial como siempre tuvo a bien coger la lata para darle un tiento. Y eso que estaba calentorra (la lata, hijosdemilputas). Pero mi nena es valiente como pocas.

Por mi parte, sucumbí una vez más a la llamada de mi recientemente adquirido vicio al yogur blanco azucarado líquido. Les recomiendo desde aquí que no comentan el error que yo tuve al ingerir por primera vez un trago de este rico alimento del Infierno. Sólo les digo que mientras escribo estas líneas me estoy zampando un litro. Y el hijoputa encima es barato.

Con nuestra particular botellona bajo el brazo, dirigimos nuestros pasos a una pequeña plaza bien conocida por nosotros para degustar nuestros preciados manjares culinarios. Y eso.

Conclusión: La famosa fresa con gas estaba rica la jodía. No sé como lo hace pero mi novia siempre acierta eligiendo este tipo de cosas.

Conclusión 2: ¡Los jóvenes que no nos subimos al carro de la mayoría exigimos respeto!

Después de aquello y tras la maravillosa cena, nos fuimos a un bar donde curra un colega y yo me puse ciego de tinto.

...

Una vez al año no hace daño. Cabrones.

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2 comentarios

Kiüs -

me gusta tu teoria Sanjuu!Yo si te acepto!! xDD (y no es por lo del pito largo e?? xD)

Sanjuu -

Los jovenes no todos y cada uno son unos cipotes de mucho cuidado pero si la mayoría. O mejor que jovenes la gente en general, basta con darle una cucharadita de prensa rosa, otra de futbol, media de formula uno y un chorreoncito de cronicas marcianas aliñado con regueton, hervimos 15 minutos y nos sale un prototipo de garrulo dificilmente superable (por abajo).

Está claro que yo no soy el precisamente sano, pero he dejado los cubalibres (ole mi polla) y ya solo bebo cerveza xD. Ademas tengo una titulacion que comienzo a ejercer en varios dias, me gusta el cine, toco el piano y tengo el pito muy largo (bueno, eso es una tontería xD). Me uno a vosotros en eso de pedir el respeto por la cultura de ciertos jovenes, traigo una pancarta y explosivos plasticos (por lo que pueda pasar) me aceptan? :$

xD
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