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Enetemec

Mamá, quiero ser friki

Mamá, quiero ser friki

 

Esta mañana confirmé algo que venía temiéndome desde hace tiempo: uno, me resulta dificilísimo tener dinero y no gastarlo; dos, me va la roña tela.

Paseando por unos grandes almacenes, concretamente por la sección de cine me encontré con un Dvd que en cuanto mi vista se posó en él lo adquirí sin pensar. Se trata de la maravillosa película de serie z canadiense Jesucristo Cazavampiros (en la portada Jesuchrist Vampire Hunter, y en los títulos de crédito iniciales Jesuchrist Superstar 2, acompañados de un narrador que dice "Jesucristo Superstar 2, el retorno del Mesías"), cutre-salchichero film que hace tiempo pude disfrutar gracias a la recomendación de un colega.

Mi progenitora no sabe que he adquirido dicho artículo, y espero que no se entere. Más que nada porque no tengo ganas de aguantar su charla mil veces repetida acerca de mi enfermedad mental profunda que según ella me induce a comprar tonterías, para más inri tonterías que ya he visto u oído. No es que me preocupe ni me extrañe que una madre tenga un visión diferente de la de su retoño, lo que me da que pensar es que sé de mucha gente que piensa de una forma parecida a ella.

Esto puede enlazar con el post que publiqué hace poco dedicado de todo corazón a los amiguitos de La Innombrable (buscar en Frikipedia). Mi progenitora nunca comprenderá que compre películas y discos oríginales de los que ya tengo mi copia legal; al igual que ella, otros muchos personajillos vivientes critican explicitamente o no este gusto mío por los productos originales.

Por un lado, les entiendo. Las cosas que me suelo comprar originales son verdaderos truños infames de los que me hago por aquello del mitomanismo y por envidia de los frikis que cuelgan fotos de sus Macs en el foro de Terra. Veo hasta ciento punto respetable que otra persona más afín a El Factor X y de gustos culturales ajenos a mi desencanto por la bazofia mire asustado la estantería de mi cuarto; otra cosa muy distinta es que no respeten ni entiendan que me guste obtener por vía legal productos variados.

Quizá el problema sea que yo considero poco respetables actitudes, gustos y tendencias de la peña que al parecer, son el pan nuestro de cada día. ¿Será ese desprecio ajeno a mis gustos el pago por ser un clasista? ¿Será que sólo mi novia y algunos seres peculiares me entienden? ¿Será que soy raro? Será eso.

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